MEdia maratón de Logroño

Después del buen sabor de boca de la Behobia, me apetecía correr la última carrera del año en compañía de mis dos fieras. También tenía mono de media maratón, la distancia que más disfruto. Así que aunque no pudiera o no sacara tiempo para entrenar, me apunté a una nueva edición de la tradicional media maratón de Logroño.

No era mi primera media maratón con el carro doble, a primeros de año hice unas 5 o 6 entrenando, pero también estaba más en forma que ahora, o con menos forma redonda. 😅

Con muchos kilos de más, y con una pereza invernal, habían pasado los días y prácticamente iría virgen a la carrera. Nada aconsejable por supuesto, pero siempre pensando en que la épica y la memoria de las piernas me llevarían a meta.

Además ando bastante desconectado de todo el mundo running y está sería el reencuentro con mucha gente que hacía tiempo que no veía.

El dia amaneció soleado, sin viento y con unas temperaturas cercanas a los 10°C. La verdad que era un escenario perfecto. Aun así, la pereza se apoderaba de mí, y ponía todos los impedimentos posibles para no salir a correr en esta mañana.

En las últimas salidas ya había desistido del carro-doble, ya que Iker prefería salir con la bicicleta o pasear al parque antes que estar sentado en el carro una hora. Así desempolvé el carro-simple y salía a entrenar con Nahia que es una Santa y de momento no se queja.

Con algo de engaño paternal, metí a Iker y Nahia en el carro y bajamos rodando hasta la salida. Oni se acercaría posteriormente a nuestro encuentro.

Allí nos encontramos con muchos beer runners, y amigos de batallas. Una gran alegría, a algunos de ellos no lo veía desde la pandemia.

Me sitúe al final del todo para no estorbar a los corredores con el carro y esperé paciente al inicio de la prueba.

Empecé bastante fresco, a un ritmo algo acelerado para mi estado de forma. Pero es cierto que la alegría de los reencuentros me había animado y tirado un poco para alante.

Con poquita gente en las calles, hay que reconocer que los pocos que estaban animaban un montón, y se alegraban de verme correr con los peques.

Yo también animaba a la gente con la música que suelo llevar, de hecho una chica me pidió acompañarme ya que le gustaba correr al lado mio.

Los primeros 10 kilómetros fueron bastante bien, más o menos a un ritmo regular por debajo de 6 min/km, y con los peques medio dormidos o tranquilos.

a partir de aquí, empezaron a quejarse y llorar un poco. Así que tocaba parar y evaluar situación. Saque el avituallamiento que tenía preparado para ellos, galletas, tortitas de arroz y agua. Empezaron a comer.

Me incorporé a la carrera pero ya las piernas estaban cargadas y nada frescas. Me pesaba todo el cuerpo (más de lo normal) y no podía mantener la cadencia anterior. El objetivo era claro, llegar. Mi pronóstico de más de 2 horas era fundamentado.

Así iban pasando los kilómetros y adelantándome bastante corredores, que me iban animando y alentado para que no desistiera.

Por supuesto también nuestros grupos de amigos animaban y hacían visualizar el objetivo.

Por el km 17, por la zona del centro comercial había unas cuestas muy duras que se me hicieron eternas. Una pareja me adelantó y se acercaron a ayudarme. El chico tiro del carro durante las cuestas. La verdad que se agradeció tener un respiro y dejar de empujar.

Los últimos kilómetros fui muy despacio, pero sobretodo por las piernas. Tenía suficiente caja para ir más rápido pero mis piernas pesaban toneladas y no daban más. Se vió la falta de entrenamiento claramente.

Con ese tran tran, me dejaba caer por la Avda Gran Vía en el último km, menos mal que los niños andaban felices, riéndose entre ellos y al menos lo estaban pasando bien.

Ya en la recta de meta, apareció Oni, los niños sonrientes y nuestros amigos festejando la llegada.

Con un tiempo de 2h10min, (creo que mi media de asfalto más lenta), llegué a meta. Aunque tampoco creo que valga de mucho el tiempo, ya que la organización me descalificó, ya no se si por correr con el carro o por llevar dos dorsales. Uno era el mio, y el otro el de mi amigo Pepe que no pudo correr por enfermedad. Pero realmente la clasificación me daba igual, mi medalla era haber corrido mi primera media maratón con mis dos hijos.

Al terminar, me reencontré con Oni e intenté recuperar fuerzas para llegar a casa y tomar un descanso merecido.

Esta carrera va dedicada a Anne, vendrán más mejores.

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