Correr con carro, de simple a doble

El running cambia, y nuestra vida también. Algunos empezamos en esto de correr siendo solteros, casados sin compromisos o sin hijos. Nos vamos haciendo mayores, pero nos resistimos a dejar aparcado nuestro mayor hobby, nuestro mejor entretenimiento, nuestra vía de escape.

La paternidad me trajo muchas ilusiones y alegrías, pero me quitó tiempo para mi y para practicar deporte. Por eso, había que reinventarse.

En cuanto pude, compré un carro de correr de la marca Thule. De segunda mano si, pero se veía bien conservado para el uso que le iba a dar. Los que no conocen este tipo de carros, son muy ligeros (más incluso que lo más ligeros de paseo) normalmente con una rueda delantera que permite el giro o su posición siempre recta. Los hay que incorporan un freno, y están preparados para una total comodidad del niño. Por su puesto, la amortiguacion es superior a la de cualquier otro carro que no sea para running.

Así empecé a entrenar con el pequeño Iker, que se acostumbró rápidamente al traqueteo y el movimiento de su Aita. Un gran desahogo, ya que en casa los niños no paran y en el carro se suelen echar su siestecita y van relajados viendo el paisaje.

Conseguí realizar unas cuantas carreras con el. Allá donde lo permitían, medias maratones incluidas, a unos ritmos más que dignos algo más lento que lo que hubiera hecho sin carro pero disfrutando el doble. Lástima que el año pasado no volviera a competir por la crisis sanitaria porque seguro que hubieran sido muchas más.

Con el nacimiento de Nahia, volvíamos a la situación de partida. Poco tiempo para entrenamientos, y muchas responsabilidades familiares. Así que había que ingeniar un plan para salir del agujero.

La solución nuevamente estaba en el carro, esta vez uno doble. Porque salir a entrenar con uno y dejar al otro, no era una opción. Nuevamente me puse a buscar en el mercado de segunda mano, y encontré uno aún mejor que el simple, prácticamente nuevo.

Cuando por fin pudimos salir a correr juntos los tres, me fui dando cuenta de grandes diferencias que había con el carro simple y se me ocurrió narrarlas por aquí.

1.- 1+1 No son dos. Es una frase hecha si, pero también la podemos aplicar a esto. Cuando salía con Iker solo, podría estar dormido, despierto pero tranquilo, o simplemente aburrido o emocionado. Ahora con los dos, basta con que uno esté despierto o con ganas de fiesta para que el otro le toque las palmas. Desde luego mucho más entretenido.

2.- Reparto de peso. Supongo que quien tenga hijos del mismo peso no tendrá este problema, pero en mi caso estamos hablando de que uno pesa más del doble que el otro. Asi que siempre me vence el carro hacia un lado y tengo que estar ejerciciendo fuerza con mis brazos en contra de esta dirección. Lo peor de todo, es cuando una carretera está peraltada hacia ese lado, entonces tengo que girar con todas mis fuerzas para que no se vaya.

3.- Más lento y más fuerza. Esta claro que ir empujando constantemente de un carro ralentiza el ritmo del corredor, pero con el carro doble aún más. Esto es sobretodo por el peso que ejercen, que en las cuestas arriba a veces el esfuerzo tiene que ser titánico. Al principio huía de las cuestas, pero ahora me lo tomo como un entrenamiento de fuerza y mental. Si hoy puedo con esto, mañana no habrá quien me pare.

4.- Ánimo de la gente. Con el carro simple la gente me miraba con curiosidad y entretenimiento. Ahora con el doble siento cierta admiración. Esta claro que no la busco, pero la mayoría de la gente con la que me cruzó se sonrie, me anima, y exclama un «Aupa» que me recuerda mucho a los tiempos de dorsales.

5.- Distancia a recorrer y tipo de terreno. Tanto con el simple como con el doble, pienso que una distancia o duración de más de 2 horas se hace excesivo para los niños. Normalmente suelen dormir de 30 minutos a 1 hora, por lo que un paseo con vistas de 1 hora es más que suficiente para ellos. El tipo de terreno es preferible, sobretodo con el carro doble, que sea más bien liso para que el rozamiento sea menor, hacer menos esfuerzo y transmitir menos traqueteo a los pequeños. Mi terreno favorito son los carriles de bici o bidegorris.

6.- Cuesta abajo no es más fácil. Si cuesta arriba decíamos que costaba más, cuesta abajo tienes más gravedad y tienes que sujetar con más energia. El freno no sujeta lo suficiente en una cuesta muy pronunciada, por lo que hay que ejercer la suficiente fuerza para que no se dispare el carro hacia delante.

7.- Viento en contra. Mayor superficie de contacto, mayor capacidad de frenado con viento en contra. Si le sumas un poco de lluvia al aire, tienes la tormenta perfecta.

Hasta aquí las 7 diferencias que he notado del simple al doble. Espero que os hayan gustado y si alguno alguna vez se anima con este tipo de carruaje lo tenga en cuenta.

Salud y kilómetros.

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