1° Carrera solidaria Cuarentena Indoor 05/04/2020

El coronavirus nos ha cambio la vida a todos. Y cuando digo a todos, es así, a pesar de que algunos sigan yendo a trabajar, que otros tengan perros y puedan salir más, que su casa tenga jardín, balcón o sea todo de interior.. En mayor o en menor medida a todos no ha cambiado, principalmente privandonos de nuestras libertades y todo el ocio disponible exterior.

Centrándonos en lo que es vida cotidiana, y dejando las tesis de si se está haciendo mejor o peor el confinamiento o la gravedad del asunto sanitario y económico, estar confinado es una auténtica mierda. Es cierto que hay gente que lo lleva mejor o peor, pero un confinamiento estricto y prolongado creo que puede volver loco a cualquiera.

Así los primeros días, veía como amigos míos comenzaban a colgar entrenamientos en sus casas en los pasillos. Yo los miraba con sorpresa y pensaba; Están locos! No pueden estarse quietos unas semanas! Parecen hanters en una rueda. Así aguanté una semana sin correr. Al siguiente Domingo, ya me picaba todo, y decidí entrenar como si tuviera una cinta en el balcón. La prueba fue un horror..se me cargaban los gemelos, me daba golpes con la barandilla en el codo, Iker me perseguía y tenia que parar a cada momento.

Aún así, era la única forma que tenia de mantenerme activo. También estaba los abdominales y flexiones..cuanto los odio! Unos amigos proponían retos de abdominales y alguno hice, pero me aburren tremendamente.

Yo solo quiero correr!! En el balcón al menos respiraba aire puro. A la otra semana, fue en el otro balcón que tenemos algo más grande, pero con más obstáculos. La prueba seguía siendo fallida. No más de 30 minutos aguanté.

Este fin de semana se debería haber celebrado la Maratón de Paris, ahora aplazada para el mes de Octubre a la cual estábamos inscritos.

Así salió la carrera Indoor promovida por «Logroño Deportes » se trataba de hacer una carrera todos en casa, para recaudar fondos para los héroes que están luchando contra el bicho.

Cada uno con sus medios, pero como única condición sin salir de tu domicilio.

La verdad es que era una muy buena idea, y con ella me animé a correr por los pasillos de mi casa.

El Sabado hice una prueba previa de 30 min para ver cómo funcionaba el circuito. Algo ruidoso por el mal estado del parquet de mi casa, y la entrada y salida de la terraza iba a ser lo más complicado. Por supuesto, el tener que hacer giros de 180 grados no ayudaba. Compartir habitáculo con un niño de 2 años, una perra de 25 kg, y una embarazada de 6 meses, tampoco. Pero se intentaría.

Al no tener impresora en casa, tuve que dibujarme el dorsal. Número igual para todos, 2020. Me hizo especial ilusión hacer esta tarea. Iker me ayudo con sus colores.

A la mañana siguiente, con todo el postureo posible nos preparamos, braga en la cabeza, camisetas de los clubs, estrenaría la nueva camiseta de #superaita que habíamos diseñado para el día del padre con el #artedecorrer.

Un poco antes de las 12:00 empecé a calentar. Oni me miraba como si estuviera loco. Y era normal. Me puse en su lugar y la verdad que era una locura ver a tu pareja correr en el pasillo durante media hora. Así que le aconsejé que se fuera a algún rincón donde no me viera, para no marearla.

Correría descalzo. La zapatilla sacaba mucho ruido, y con los calcetines me escurría bastante.

Los ritmos no podían ser muy rápidos, en principio porque no había distancia para coger velocidad y porque si iba muy rápido podría llevarme a Iker o Lau por delante.

Me puse música en la televisión y así cada vez que pasaba por el salón me animaba un poco. El peor paso era el de la terraza, con un suelo muy áspero, y con dos saltos de nivel para su entrada y salida. Además de tener que agachar la cabeza con el tendedero.

La madera chirríaba en demasía, tenía miedo de que mis 100 kilos se adentrarsen en el interior de una de esas tablas.

A la mañana había limpiado bien el suelo, para evitar pisar descalzo algun juguete o pieza de Iker.

Iker jugó bastante conmigo, iba delante de mi haciendo de liebre en algunos tramos.

Daría por concluida la carrera a las 12:30. Un ritmo lento, pero menos da una piedra.

Habia salido el sol y se estaba genial en la terraza. Así que aprovechamos a tomar una cerveza y unas patatas, mientras hacíamos una videollamada con Ingrid y Joel que también habían terminado su reto.

Así, me colgué un dorsal más en la cuarentena del coronavirus, algo impensable hace unos días.

Como todos los corredores, tenemos muchas ganas de salir ahí fuera a corretear. Pero sabemos de la importancia de que esto pase.

Ahora vemos nuestra vida anterior con otros ojos, y valoramos más nuestras libertades.

Al final si le buscas el lado positivo a las cosas, todo esto lo tiene. Mucha gente no sabía desconectar del trabajo, ahora lo han hecho, no estaban con su familia, ahora pueden, no valoraban lo que es salir a la calle a correr, jugar o simplemente pasear, ahora lo harán.

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