Mijta Marato Lleida 17/11/2019

Habia que seguir con el reto. Lleida era la última provincia que me quedaba de Cataluña y la 43 del reto (hasta 52). Cada vez más complicadas de conquistar, porque van quedando las de más lejos. Aunque Lleida está a tan solo 3 horas de Logroño.

En esta ocasión, no me acompañaría el resto de la familia Arroka, por contra, unos buenos amigos de Logroño se animaron a acompañarme en esta aventura. Valen, que ya me ha acompañado en dos ocasiones este año en dos salidas (Barcelona y Castellón), Javi y Laura que se incorporaban a esto del turismo-running conmigo. Javi, correría sustituyendo a Julian que no pudo asistir.

El viaje estaba programado en un ida y vuelta, haciendo noche en nuestra furgocamper. Aunque la pareja decidió irse mejor a un hotel por aquello de más comodidad e intimidad. 😅.

Aparcamos muy cerca de la recogida del dorsal, salida y meta. Lo cual, nos planteó no mover la furgoneta para poder dormir lo más cerca posible y tener que madrugar menos.

Hacia bastante frío, aunque no llovía, ni había presagio de lluvia, lo que era muy bueno de cara a la carrera. En la recogida del dorsal pudimos cambiar la titularidad del dorsal de Julian y nos probamos las mallas que nos habían regalado con la inscripción.

Una vez recogido el dorsal, nos fuimos a tomar una cerveza al Café Paris, donde compramos un décimo de lotería (que ya nos tocará), e intentamos engañar a más amigos a realizar la Maratón de Paris. Después de un buen rato allí, nos fuimos a cenar algo de pasta y pizza al Tagliatella, que nos sorprendió lo grande y bonito que era.

Nos recogimos a nuestros aposentos y esperamos pasar una noche tranquila, que así lo fue. A la mañana siguiente habíamos quedado a las 9 para desayunar en una cafetería muy cerca de salida/meta. Desayunamos cómodamente y visitamos los aseos como es costumbre en todo buen corredor. La cafetería estaba llena de corredores, nos sorprendió que uno de ellos, con poco pinta de corredor eso si, se estuviera bebiendo una cerveza antes de la carrera, y para mayor sorpresa a su salida empezó a fumar. Desde luego, en esto del deporte cada uno se pone sus normas..

Habia varias salidas programadas. La primera era de la prueba de 5 km, que vimos pasar a niños, sillas y otros corredores.

La media Maratón comenzaría a a las 10:30. Habíamos quedado con un chico de Bilbao, de los Beer Runners, que venía a hacer la prueba también. Casualmente según nos presentaron, empezamos a tener varias coincidencias. La primera era que nos llamábamos igual, la segunda era que estábamos haciendo el mismo reto de conquistar todas las medias capitales de provincia de España, luego más tarde me enteraría que su único hijo se llamaba como el mío, Iker.

Antes de la salida, tenía programado hacer algunos kilómetros con Valen, ya que así lo tenía previsto para su entreno de maratón. Apenas nos dio tiempo a completar unos 3 km, y nos tuvimos que preparar para entrar en los cajones.

En el calentamiento decidí que no acompañaría a Valen ya que me quedaría frío a un ritmo más lento de lo que suelo ir, así que decidí intentar ir con el nuevo conocido y seguir comprobando coincidencias. El caso es, que no me dejaron entrar en el cajón de ellos ya que a mi me habían puesto en el primer cajón. Normalmente si te pones en un cajón más lento que el que te toca no te dicen nada, pero en esta ocasión si.

Gracias a salir en el primer cajón, pude disfrutar de la salida de los primeros en directo. El grupo de egoísmo positivo que animó de manera muy efusiva toda la carrera y luego los corredores con los carritos y sus hijos. Esta hubiera sido una buena carrera para haberla hecho con Iker, pero no pudo ser esta vez.

Salimos puntuales, y me aparté a la derecha para que me adelantaran todos los corredores más rápidos que yo. Permanecí allí, durante varios kilómetros esperando a que llegase Kike de Bilbao y compartir la carrera con el.

Los primeros 4 km era de una continua bajada, que presagiaba que más tarde o más temprano habría subidas. Así fue y los ritmos de los corredores se fueron menguando. La carrera contaba con una multitud de toboganes, subidas y bajadas algunas interminables, y que gracias a llevar un ritmo bajo, no me pesaron mucho. El recorrido era bastante periférico a la ciudad, y había muchas avenidas que se recorriendan primero en un sentido y luego en el otro, con giros de 180 grados.

Por el km 7 por fin me enganchó Kike Bilbao, arrancamos a ritmos de 5 min/km. Disfrute de su compañía porque así no se me hizo la carrera tan aburrida. Íbamos contándonos aventuras de todas las medias realizadas.

Los kilómetros pasaban y en las grandes avenidas coincidíamos con Valen y Loza en algunos puntos. Calculaba que les sacaría unos 10 minutos. Entre ellos había un corta distancia, que pronto se convirtió en una captura del coyote y el correcaminos. Laura se encontraba en algunos puntos haciéndonos fotos, pasando mucho frío la pobre.

Kike Bilbao empezó a notar el cansancio,y yo ya notaba que hablaba menos, tampoco quise molestarle más, me dediqué a animarle y hablar con otros corredores que iban a nuestro lado. La verdad que iba a ritmo muy cómodo y nada forzado.

Después de múltiples toboganes y visualizar los kilómetros que faltaban, llegamos a la recta de meta, donde nos esperaba Laura, la mujer de Kike Bilbao y su hijo Iker.

Era un final de carrera muy emotivo, con un montón de arcos, y el speaker narrando cada uno de nuestros nombres. Así nombró a los dos Enriques, y después a Julian y Valentin. Al llegar a meta, nos esperaba una buena cerveza Magna, un bocadillo de butifarra y turrón duro y blando.

Valen tenía que completar algo de distancia que le faltaba de su entreno. Y se puso a dar vueltas como un gánster a la zona vallada de la llegada. La pobre chica que recogía lo chip iba detrás de el como loca. 🤣😅

Los tiempos de llegada fueron 1h 47′ 20″ , posición 547/921 en mi caso, y Kike Bilbao un puesto por delante, mientras que Loza y Valen terminaron en 1h 58′. Por cierto, Loza y yo descubrimos que solemos ser los primeros en nuestro peso, en las carreras según Strava.

Nos dieron una medalla, que siempre gusta coleccionar y nos recogimos para ducharnos y prepararnos para el regreso a Logroño.

Como conclusión decir que la organización pone mucho de su parte para motivar a los corredores a participar, (ambiente en la salida, avituallamiento final, medalla finisher) aunque la ciudad acoge de manera fría la prueba y no animaban mucho. Aún así, muy contentos con la experiencia.

Y con esta pinchamos otra chincheta en el mapa y ya solo quedan nueve. Cordoba is waiting.

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