Itziar Trail 03/08/2019

Después de un fin de semana espectacular en el Pirineo Francés, tocaba regresar a la dura realidad del día a día. Con los calores de Logroño, poco apetecia entrenar y volver a una rutina.

La idea era seguir entrenando para la Maraton de Plazaola que esta muy cerca. (Septiembre) Y la mejor manera que tengo es ir apuntándome a alguna prueba cerca de donde paso el fin de semana. En este caso, volveríamos a Getaria y la Itziar Trail tenía todas las papeletas.

Era una prueba que ya la había hecho en el 2017. Justamente cuando preparaba la Maratón de Berlin. Mi recuerdo era de una prueba muy dura, sobretodo por el componente barro y la lluvia que no cesó en toda la carrera.

Esta edición sería diferente. Hacian cerca de 26 grados y el ambiente era seco. Por lo que estimaba que bajaría algo el tiempo del 2017.

La carrera comenzó a las 16:00. Una hora muy calurosa. Había llenado la mochila de agua, aún así, la idea sería parar en todos los avituallamientos. El pueblo estaba de fiesta, y había bastante ambiente.

Me coloqué en últimas posiciones, ya que sabía que sería de los últimos como en el 2017.

Después de avanzar unos metros por el pueblo, nos adentramos en el monte. Me alegró ver que no había barro, y podría subir las rampas sin resbalarme. Me crucé con varios corredores lesionados y al haber zonas peligrosas para las torceduras.

En el recuerdo del 2017 habia una pared que tuve que escalar agarrando a árboles y evitando resbalar. Este año también estaba allí. Algo mejor al no haber barro, pero seguía siendo realmente dura.

Agradeci las bajadas por las sendas, aunque la cuesta anterior me había dejado tocado y no podía trotar cómodamente ya.

Los kilómetros se pasaban lentos. Hacia mis cálculos para la llegada, pero faltaba lo peor.

La subida al Andutz era interminable. Se podía observar unas vistas impresionantes desde arriba, casi vértigo y eso que estoy acostumbrado a estas subidas.

El cresteo se hizo duro. Apenas corría aire y la sensación térmica era por encima de 30°C.

Tocaba la bajada, pero ya no tenía piernas. Era muy pronunciada y tenía miedo a resbalar y caer. De hecho en un par de ocasiones resbale y di un gruñido para levantarme y seguir en pie.

Quedaba apenas 2 km, y no conseguía un ritmo decente de bajada. El terreno que pisaba eran piedras picadas que se clavaban en la zapatillas. Tenía ganas de terminar.

Cuando apenas quedaba un km, por fin vi la entrada en el pueblo, intenté correr algo más rápido, pero tampoco iban las piernas. Tenía un corredor vestido de azul a unos pocos metros y pensé en prepararle un ataque en la subida a meta.

Ya en el pueblo vi a Oni, que me saludó sonriente, y en apenas 200 metros entraría en el arco de meta. Fue entonces cuando di el apretón definitivo para rebasar al corredor de azul. Que gozada llegar con algo de gasolina al final.

A la llegada a meta, mucha hidratación recuperación y respirar tranquilo. La prueba se me había hecho muy dura, bastante técnica y mucho calor.

La verdad es que cada prueba es diferente. Aún repitiendola, no tuvo nada que ver con la del 2017. Así que no tendríamos porque comparar tiempos ni resultados. En realidad sólo hice 15 minutos menos, lo que yo pensé que serían más por el barro del 2017. La posición si que mejoré, supongo que sería porque en el 2017 se retirarían muchos por las condiciones climáticas. En esta edición me quedé en 1h59min y posición 101/130.

Terminada la prueba nos fuimos a cervecear por la zona, estaba plagado de gente y circular por la carretera era algo incómodo.

Así terminamos esta nueva edición de la Itziar Trail, ya con ganas de volver a probarnos el fin de semana que viene en Course de la Rhune, Ascain.

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