Transvulcania, 74 km 4500 m+, y 8900 m+- 07/05/2016

Cuando te planteas un objetivo de cara a un año, te genera muchas expectativas. Te presiona en la cabeza la idea de realizar algo que hasta ese día creias imposible.

Los entrenamientos y las lesiones pasan y te metes en una cuenta atrás, donde primero se mide por días y enseguida por horas. Así, llega el día d y la hora h, Sábado 7 de mayo a las 6:00 de la mañana en el faro de Fuencaliente de la isla de la Palma.

Parecía un sueño, lo vimos por la televisión el año pasado y este lo estábamos viviendo nosotros con nuestros propios ojos. 1700 personas iluminando desde la costa la cumbre de los volcanes. Allí estábamos, Peky, Jesús y yo (La Roca) unidos como hermanos con un saco de nervios a las espaldas. Pero cada uno con una estrategia diferente de carrera.

Sabíamos que saldríamos juntos, pero no el punto donde nos separaríamos ya que las piernas de cada uno, marcarían nuestro destino. En este caso, en los primeros km, perdimos a Peky que fue adelantando posiciones por los laterales de los embotellamientos formados en las subidas. Jesús y yo, permanecimos pacientes tras la cola, y esperamos a que se disolviese todo el tapón. Rápidamente fuimos ascendiendo y pasamos por los canarios donde estaba Oni para darnos ánimos, y así llegamos al pueblo de Fuencaliente donde tomamos el primer avituallamiento y nos quedamos anonadados del ambiente.

En el km 8, un ligero imprevisto surgió en mi zapatilla, se rajó por la punta y rápidamente pisada tras pisada fue agrietándose más y más. Intentamos localizar a Oni por teléfono para que nos pudiera socorrer y nos llevase al km 24 donde nos tenía previsto ir a ver, una zapatilla de recambio.

Estos km, pese a ir frenado por la zapatilla, no se hicieron duros y disfrutamos de las vistas y el maravilloso ambiente. En nada estábamos a 1500 metros y disfrutando de la vistas del Teide a nuestra derecha sobre un manto de nubes.

La climatología fue benigna y nos permitió no sufrir deshidratación ni frio.

En el refugio del Pilar, km 24 nos esperaba Oni, para darnos ánimos y hacer el cambio de neumáticos que era imprescindible para poder continuar. Si no fuera por ella, y la rapidez de su logística evidentemente no hubiera terminado. Allí íbamos con 30 minutos por debajo de la hora de corte y nos dimos cuenta de que era demasiado despacio si queríamos llegar con seguridad a meta.

Los siguientes km, de inmensa belleza nos adentrábamos en un bosque de laurisilva de senderos de tierra, de una pendiente llevadera. Allí yo me encontraba fuerte y Jesús empezaba a flaquear, aunque nos dimos un poco de goma e íbamos tirando el uno del otro con alguna diferencia de metros. Llegados al km 36, por el Reventón, mis fuerzas terminaron de un plumazo. No podía levantar las piernas, y cada vez que tenia que levantar el cuádriceps era para ponerse a llorar. Perdí a Jesús y comprendí que ese tramo lo tenia que pasar solo y con mi cabeza. Me iban a adelantando corredores, y yo no hacia más que ir dejando hueco al grito de «paso». Finalmente conseguí llegar al km 42, donde había un avituallamiento sólido contundente y allí me encontré a Jesús. Comimos y paramos e intentamos otra vez la marcha.

Nos esperaba una cuesta muy dura de canto rodado de difícil acceso que bordeaba una barrera metálica. Allí el calor apretaba más y tuvimos que pararnos en dos o tres ocasiones. Allí perdí a Jesús y ya no lo recuperé en toda la carrera.

Seguí corriendo esta vez sin descanso ni parada, estábamos cresteando por encima de los 2000 metros, y la diferencia de altura se notaba en la respiración. Así que trote recuperando 10 minutos de la hora de corte, y conseguí llegar al Roque de los muchachos (punto más alto de la carrera 2500+) con un +40 min.

Comí tranquilo, melón, sandia, almendras y nueces. (No podía comer otra cosa ya que tenía que controlar los alimentos por mis problemas digestivos), tengo que reconocer que «a mi nivel» se pueden hacer ultras sin geles ni productos «específicos » de rendimiento.

Leí los WhatsApp de mis amigos, donde Jesús escribía que no sabía si llegaría (finalmente se retiró en el Roque de los muchachos poco más tarde) y decidí bajar.

A los novatos en esta carrera, que tan sólo nos estudiamos el perfil, nos jugaron una mala pasada. Estábamos a 2500+ y en 20km teníamos que bajar a cota 0. Esperábamos un descenso tranquilo y cómodo. Nada más lejos de la realidad.

En los primeros km se intercalaban bajadas pedregosas con subidas ( que no se entendían según el estudio del perfil ) y desesperaba aun más al corredor.

Por el km 64 empezaba la bajada de verdad y después de un poco de mezcla de sotobosque y senderos de piedra llegamos a la torre. Punto crucial para la carrera. Allí comenzaba el calvario. Una pendiente constante superior al 15% con piedras de punta, redondas picudas y lo más horribles que podáis pensar, sobre todo para unos pies castigados por los km.

Se apreciaba la costa, pero también el desnivel y a pesar de que la distancia era corta  (quedarían unos 4-5km de bajada) fue un sufrimiento incuestionable.

En todos los videos y fotos de transvulcania aparece unas imágenes de una bajada de piedras con un fondo de una playa negra y el mar azul. Al llegar allí,  la cabeza te pedía parar para disfrutar las vistas, pero las piernas no te permitan frenar, ya que había que bajar a cota 0 al paso de Tazacorte.

Tras esta preciosa pared de vértigo,  la llegada a Tazacorte y la animación de la gente, subía el ánimo. YA SÓLO QUEDABAN 5KM.

Pisamos la arena negra y nos adentramos en un río de rocas rodadas que dificultaban la marcha. Esta vez sin desnivel. Lo cierto es, que el desnivel vendría después. Tras esos 2km de rocas, tocaba ascender 300+ en 3km a los Llanos de Aridane. Estas cuestas fueron mortales y hace comprender cómo puede haber gente que se retire en estos km finales.

La recta final, encaminé con un ligero trote que no dejé hasta llegar a meta. La gente salía de los bares y te aplaudía y te chocaban la mano al grito de «campeón». Es la sensación que te deja ser finisher de transvulcania.

En meta estaban Peky que terminó antes que yo, Jesús retirado en el Roque de los muchachos, Jorge que hizo la media y la pieza más indispensable de toda la carrera: Onintza. Ya había sido importante su apoyo durante meses antes pero en el mismo día de la prueba su presencia fue vital para poder terminarla. Amz Maitia.

Finalizamos la prueba, Peky con 12:30 y yo con 14:40, y Jesús se retiró en la cumbre habiendo completado más de 2/3 partes. Pero estamos seguros que el año que viene lo volverá a intentar y lo conseguirá.

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